LAS RELACIONES DIRIGENTES EMPLEADOS EN MOMENTOS DE DIFICULTAD

 

 

En estos momentos podemos rastrear en la realidad y en las opiniones escritas de los expertos dos fenómenos que en mi opinión son típicos de los momentos de “naufragio” (valga la expresión metafórica): el síndrome del superviviente (afecta al empleado) y el síndrome del salvador, que afecta al directivo (este último es de cosecha propia aunque no sé si original). Ambos contemplados al alimón ponen sobre el tapete el tema de las relaciones entre líderes y seguidores o directivos y empleados o colaboradores. No solamente en tiempos de dificultad estas relaciones son de importancia capital para el éxito del proyecto de empresa en el que todos deben estar comprometidos, sino que son una constante en la gestión de las personas para conseguir y mantener esa actitud positiva. El peligro de los momentos de dificultad acecha por igual a empleados que sobreviven y a dirigentes que tratan de salvarse: “sus conductas son de autodefensa y no de tipo proactivo”, es decir, se vinculan a no ser engullidos por el vendaval y a salvar del naufragio lo que quede para cuando deje de arreciar. Una forma de evitar estos síndromes y resolver los problemas de estas situaciones de cambio es la gestión habitual de las relaciones entre ambos grupos de empleados. Señalamos con Gibb cuatro dimensiones del comportamiento social que deben ser contempladas en esta gestión: el clima laboral, la información que se transmite, los objetivos que se comparten y el control del trabajo de cada uno. Estaremos de acuerdo en que según sea el talante de cada dimensión las relaciones inter-niveles se verán afectadas. En el caso del clima, por poner un ejemplo: si es positivo, se produce en los líderes aceptación y en los empleados confianza, respeto y conducta orientada a la solución de problemas Es fácil imaginar las consecuencias en caso de que la dimensión tenga un talante negativo. Como conclusión: gestión preventiva de las relaciones entre dirigentes y empleados mediante un etilo de liderazgo participativo y transformador, que genere en todos ellos la confianza en que serán tratados como personas aun en el caso de que su relación deba darse por terminada de modo temporal o definitivo.