La comunicación es un medio para influir en la conducta de las personas y los grupos en las organizaciones y no un fin en sí misma. MacKinsey considera el sistema de información como parte de una las tres “S” mayores en la gestión de las organizaciones, muy sólida como las otras dos (estructura y estrategia), pero anquilosante si la información no fluye como es debido. Es importante que haya fluidez en los procesos y sistemas de comunicación, sin embargo es casi más importante que los mensajes que se comparten estén alineados con los objetivos de la organización y las actitudes básicas de sus miembros, de lo contrario se convierten en “sustancias tóxicas” que envenenan las relaciones, acaban enrareciendo el clima laboral y perjudican gravemente a la empresa. Ya sé que hay personas que siempre hablan por no callar, aunque tienen poco que aportar. Sin embargo quiero centrarme aquí en tres fenómenos que vengo observando últimamente en los ámbitos político y empresarial sobre todo. 1º.-Cierta vez oí decir a un político autonómico que “no publicaba los resultados de un informe que había encargado a unos profesores universitarios porque su conocimiento generalizado provocaría entropía o desorganización en el subsistema social que gestionaba” y eso perjudicaría al partido en el poder en esa región. 2º.-Esta semana hemos visto y leído, en varias ocasiones, presentados como compatibles y coherentes términos que son antitéticos, como “bilateralidad” y multilateralidad” en las relaciones entre miembros de un mismo colectivo y otro exterior a ellos, pero interlocutor común. 3º.-Hay, por último, cierta tendencia a criticar desde el poder constituido en cualquiera de sus niveles o ámbitos a quienes, en función de su trabajo, proporcionan información sobre los problemas reales, para evitar que se produzca una alarma social considerada innecesaria y desalentadora. Estos tres ejemplos de toxicidad en la vida de las organizaciones les impiden enfocar atinadamente los problemas e iniciar, por ello, el camino adecuado para su solución. Nosotros preferimos una de las “S” menores del autor citado antes, los objetivos de orden superior, (superordinate goals en la terminología inglesa)) aceptados por todos los miembros del colectivo, como referente del sistema de comunicación en la empresa y de los procesos de relación interpersonal que en ella se gestionan, lo cual nos lleva a una gestión preventiva y saludable del clima y de todos sus factores, entre los cuales la comunicación clara y comprometida con los intereses colectivas es de capital importancia.
Bernardo Martinez Mut